Panorama 2026 del ecosistema crediticio.
El año 2026 se perfila como un punto de inflexión definitivo para el ecosistema crediticio global. La Inteligencia Artificial (IA), los modelos predictivos, el análisis avanzado de datos y la estandarización digital, que hoy conviven en fases experimentales, se prevé que alcanzarán una madurez operativa sin precedentes. Este avance no solo transformará procesos como la originación, la evaluación de riesgo, la cobranza o la personalización de productos; también obligará al ecosistema crediticio a replantear sus fundamentos.
Surge, entonces, una pregunta clave: ¿la IA está revolucionando las reglas o simplemente acelerando la adaptación de la industria?
El Despegue de una Inclusión Inteligente
La cobertura insuficiente aun del crédito en México (solo el 15.7% de la población adulta cuenta con una tarjeta de crédito bancaria) contrasta con el hecho de que más del 80% utiliza un teléfono celular. Esta brecha, antes interpretada como un obstáculo, hoy es una enorme oportunidad para impulsar la inclusión financiera mediante herramientas digitales.
En este contexto, Fernando Suárez, de Ualá, destaca que las Fintech desempeñan un papel decisivo al atender a usuarios históricamente invisibles para los modelos tradicionales. La tecnología, señala, permite optimizar los procesos de originación, derribar barreras y ampliar el acceso al crédito desde una lógica más justa.
Pero el fenómeno va más allá. En América Latina, la adopción de modelos de originación basados en IA está reduciendo los tiempos de aprobación de horas a minutos. Instituciones en Brasil, Colombia y México ya utilizan algoritmos capaces de evaluar más de 5,000 variables por cliente, combinando datos tradicionales con información alternativa como comportamiento digital, movilidad, actividad transaccional, ubicación agregada y uso de dispositivos.
El otro motor de esta transformación es la integración de modelos alternativos de riesgo basados en datos no tradicionales. Leonardo Ramos, Country Manager de la startup Clara, subraya que seis de cada diez empresas mexicanas aún carecen de crédito formal y que la la innovación real radica en incorporar información exógena para diseñar modelos más precisos. La industria tiene una responsabilidad social ineludible: determinar con exactitud cuánto puede pagar un individuo o empresa para evitar el sobreendeudamiento, una causa histórica de morosidad estructural.
Este cambio solo es posible gracias al avance del Open Finance. Para Beatriz Durán, Cofundadora de Open Finance Tribe MX, no se trata únicamente de compartir datos, sino de crear un estándar interoperable que convierta la información dispersa en un lenguaje común. Países como Brasil, Reino Unido y Corea del Sur ya muestran cómo esta infraestructura puede incrementar la inclusión financiera entre 8% y 15% al habilitar productos antes inviables por su alto costo o complejidad operativa.
Estos avances marcan el inicio de una nueva era: una inclusión inteligente, donde la tecnología no solo abre puertas, sino que diseña caminos de acceso responsable y sostenible.
La Cobranza en 2026: Del Modelo Operativo a la Hiperpersonalización
El cliente actual es diverso, volátil, informado y emocionalmente exigente. La cobranza, una función que durante décadas operó bajo un modelo único, rígido y reactivo, está experimentando una metamorfosis total.
Marco Márquez, Gerente Senior de Cobranza en Bradescard México, describe un entorno donde conviven múltiples arquetipos: “el cliente tradicional que responde a una llamada, el que prefiere mensajería y el que simplemente busca no ser interrumpido”. La respuesta es la hiperpersonalización: adaptar lenguaje, canales, tono y soluciones según el perfil individual.
Los datos acompañan esta tendencia. Diversos estudios muestran que los modelos de cobranza basados en IA pueden aumentar las tasas de recuperación entre 12% y 25% al combinar segmentación dinámica, predicción de probabilidad de pago y entrega del mensaje correcto en la ventana correcta. En mercados como Chile y Estados Unidos, los agentes digitales ya gestionan más del 40% del volumen de contacto en etapas tempranas, lo que libera al talento humano para atender casos complejos.
Para Jorge Guerra, Gerente de cobranza administrativa y legal en TIP México, la nueva cobranza debe ser preventiva, dinámica y profundamente empática. Factores externos como la inflación, la inseguridad o el estrés emocional influyen hoy directamente en la capacidad de pago tanto en B2B como en B2C. Guerra advierte que la IA no deshumaniza la cobranza; por el contrario, puede potenciar la empatía, al permitir que cada cliente reciba un acompañamiento alineado a sus posibilidades reales.
En 2026, la cobranza dejará de ser un proceso que “corrige atrasos” para convertirse en una función estratégica que anticipa riesgos antes de que aparezcan y acompaña al cliente desde el onboarding.
Legalidad, Innovación y Resistencia al Cambio: El Verdadero Reto de Fondo
Aunque la tecnología avanza con rapidez, la industria enfrenta un desafío más profundo: la resistencia estructural a la innovación.
Carlos Valderrama, Socio fundador de Legal Paradox, recuerda que desde inicios de los 2000, la ley mexicana permite múltiples operaciones a través de medios digitales. Sin embargo, la preferencia cultural por lo físico sigue frenando la adopción plena de herramientas como el pagaré digital. Esta inercia provoca que algunas instituciones simulen progreso sin transformarse realmente, participando en lo que él denomina un “teatro corporativo de innovación”.
La experiencia internacional evidencia la importancia de romper esas inercias. En Singapur y Estonia, por ejemplo, más del 95% de los documentos financieros se firman digitalmente; en España, el uso de biometría para la validación contractual redujo el fraude en casi 30%. La falta de adopción plena en México no se debe a vacíos legales, sino a barreras culturales, falta de homologación tecnológica y al miedo al cambio.
Desde la perspectiva regulatoria, también persiste la concentración de información como freno estructural. Leonardo Ramos señala que cuando pocos jugadores controlan los datos, las empresas quedan sin opciones y el ecosistema se vuelve menos competitivo. Beatriz
Durán enfatiza que el Open Finance debe construirse bajo un principio de reciprocidad y piso parejo, permitiendo que instituciones no bancarias (donde miles de mexicanos inician su historial) formen parte integral del sistema.
La regulación, cuando se diseña adecuadamente, no es un freno: es un habilitador de inclusión, eficiencia y competencia real.
2026: Adaptación Profunda, No Revolución Absoluta
Estimado lector, mente brillante del ecosistema crediticio, el 2026 marcará un punto de sostenibilidad real si la industria logra no solo incorporar tecnología, sino transformar sus principios operativos y culturales.
Los expertos coinciden en que integrar modelos de riesgo más justos, capaces de valorar a individuos y empresas desde una mirada más amplia como lo es la consolidación de modelos híbridos (que combinan datos transaccionales, comportamiento digital, historial comercial y variables contextuales) permitirá decisiones más precisas, menos excluyentes y mejor alineadas con la capacidad real de pago. La justicia crediticia, entendida como acceso responsable y evaluación integral, será el nuevo estándar competitivo.
A la par, será indispensable impulsar el Open Finance como infraestructura crítica. El sistema financiero no podrá aspirar a una verdadera inclusión ni a una competencia sana sin un ecosistema donde los datos fluyan de manera interoperable, transparente y segura. El Open Finance no será un complemento, sino la base material que permitirá que bancos, fintech, sofomes, comercios y plataformas alternativas construyan productos flexibles, asequibles y diseñados a partir de información unificada. En este sentido, la madurez regulatoria será clave para garantizar que el acceso a los datos sea equitativo y no una ventaja exclusiva de unos cuantos jugadores.
La tercer gran tarea reside en adoptar la cobranza preventiva e hiperpersonalizada como un pilar estratégico. La IA ya demuestra que predecir riesgos con semanas o meses de anticipación es posible, siempre que las organizaciones migren de un enfoque reactivo a uno anticipatorio. La cobranza del futuro combinará análisis profundo de señales de riesgo, inteligentes, agentes digitales conversacionales y esquemas de reestructuración dinámicos que se adapten al perfil emocional, económico y conductual de cada cliente. La hiperpersonalización no será un lujo operativo, sino una obligación ética y comercial que reducirá la morosidad y aumentará la retención.
Sin embargo, el avance tecnológico no garantiza por sí mismo la transformación. Será necesario superar la resistencia al cambio y profesionalizar la innovación. La modernización auténtica exige reentrenar talento, adoptar metodologías ágiles, abrir espacios de prueba regulada (sandboxes) y abandonar definitivamente el “teatro corporativo de innovación”: procesos que simulan modernidad sin generar impacto real. El 2026 pondrá a prueba qué organizaciones están dispuestas a rediseñar su estructura desde adentro.
Finalmente, la sostenibilidad del ecosistema dependerá de equilibrar analítica avanzada con humanidad y criterio profesional. La IA permite precisión, eficiencia y escalabilidad; pero el juicio ético, la empatía y la comprensión de la realidad del cliente siguen siendo atributos humanos irremplazables. El futuro se construirá desde la convivencia entre ambos mundos: máquinas que procesan millones de datos en segundos y profesionales que interpretan esos datos con sensibilidad, ética y responsabilidad social.
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