Crédito y cobranza: lineamientos estratégicos para un 2026 más sólido
El entorno económico de los últimos meses ha puesto a prueba la liquidez del sector transporte en México. La desaceleración en la cobranza no es un evento aislado, sino el reflejo de cadenas de pago más largas, mayor presión financiera en los clientes y una gestión de crédito que, en muchos casos, no evolucionó al ritmo del mercado. De cara a 2026, los ejecutivos del transporte deben asumir que la cobranza ya no puede verse como una función reactiva, sino como un pilar estratégico de continuidad operativa.
El primer ajuste clave está en el crédito. Otorgar crédito sin una política clara es asumir riesgos innecesarios. Antes de autorizar una nueva línea, resulta indispensable verificar si el cliente no cuenta con reportes de incumplimiento y revisar su historial de pagos en Buro del Transporte, lo cual permite tomar decisiones informadas desde el inicio. Asimismo, es fundamental revisar límites, plazos y condiciones, alineándolos al perfil real del cliente y no solo a la relación comercial. Un buen punto de partida es segmentar la cartera por comportamiento de pago y no únicamente por volumen, estableciendo reglas diferenciadas para clientes cumplidos, irregulares y de alto riesgo, reduciendo así la exposición financiera y fortaleciendo la cobranza futura.
En paralelo, la documentación debe blindarse. En 2026, no hay espacio para expedientes incompletos. Carta Porte, Bill of ladings, evidencias de entrega y contratos deben estar disponibles, correctos y localizables desde el primer día. Una cobranza se debilita cuando depende de reconstruir información meses después. La disciplina documental reduce disputas, acelera decisiones y fortalece la posición del transportista frente a cualquier negociación.
Otro factor crítico es el seguimiento oportuno. La cobranza que se “detiene poco a poco” suele hacerlo por falta de constancia y priorización. Establecer calendarios de gestión, responsables claros y métricas de avance permite detectar atrasos antes de que se conviertan en cuentas incobrables. La constancia, más que la presión, es la que mantiene viva la promesa de pago.
La comunicación también debe evolucionar. El contacto con el área correcta del cliente, con mensajes claros y formales, marca la diferencia. Solicitar fechas específicas, confirmar acuerdos por escrito y documentar cada gestión profesionaliza la relación y reduce la ambigüedad. En un entorno de liquidez restringida, quien comunica mejor, cobra primero.
Asimismo, es recomendable definir con anticipación puntos de quiebre. Saber cuándo una cuenta debe escalarse internamente, reestructurarse o asignarse a un tercero a pocas semanas de estar en vencimiento evita que la cartera se desgaste sin rumbo. La cobranza eficiente no es insistir indefinidamente, sino tomar decisiones oportunas con base en datos y experiencia.
Finalmente, 2026 debe ser el año en que el crédito y la cobranza se integren a la estrategia financiera del transportista. Revisar políticas, capacitar equipos y apoyarse en especialistas cuando sea necesario permitirá enfrentar un mercado más exigente, pero también más predecible. Quienes profesionalicen hoy sus procesos no solo cobrarán mejor, sino que operarán con mayor estabilidad y crecimiento sostenible.
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Bañuelos, S. (2026, 8 enero). Crédito y cobranza: lineamientos estratégicos para un 2026 más sólido. T21. https://t21.com.mx/credito-y-cobranza-lineamientos-estrategicos-para-un-2026-mas-solido/